viernes, 17 de diciembre de 2010

Enfermos

Una enfermedad. Así le llaman al amor entre dos personas, dos humanos, dos corazones que por suerte o mala suerte, nacieron con el mismo sexo. Y la sociedad les llama enfermos. Pongámonos a pensar ¿enfermos no son aquellos que marginan, discriminan, agreden e insultan a todos los seres humanos que son diferentes a ellos? La sociedad española se ha destacado por ser una de las más liberales, o eso dicen, y sin embargo al hablar del tema de la homosexualidad, todavía nos encontramos un poco verdes.
Todo es respetable en esta vida. Desde pequeño, nos han inculcado unos valores y unas normas que se han denominado como las “buenas” o “normales”, pero ¿quién ha dicho que son así? ¿Quién dice que no hay otros valores éticos mejores o por lo menos iguales? Cada uno de nosotros somos dueños de nosotros mismos, por lo tanto tenemos el derecho y el deber de decidir lo que es mejor para nosotros. Es cierto que nos podemos equivocar, claro que si. Pero es así como nos superamos cada día, demostrándonos a nosotros mismos de lo que somos capaces, nuestras superaciones, nuestros errores…

Por otro lado, otros se llenan la boca defendiendo la igualdad de cara al público, de cara a todos esos votantes que en plenas elecciones no saben si votar al de las cejas puntiagudas o al de la barba blanca. No Señor López, no vaya de comprensivo por la vida al igual que su jefe, porque una cosa son las palabras y otra son los hechos.
La realidad de la situación es que en estos momentos las Asociaciones de Gays y Lesbianas de Bilbao reciben menos ayudas económicas en comparación al anterior Gobierno, y ya es decir.
Es incompresible, que el primer y único poder político que apuesta por los derechos y la  normalización de este colectivo, sea incapaz de ofrecerles ayudas y beneficios primordiales para la mejora de sus actividades. Me encantaría saber a dónde ha ido a parar ese dinero.

El dolor no se siente hasta que duele de verdad, la soledad no se siente hasta que se esta solo de verdad y la tristeza no se siente hasta que observas como todos tus sueños se derrumban. Hablamos de seres humanos señores y lo repito porque igual no ha quedado claro, seres humanos, personas, hombres y mujeres, con la capacidad de trabajar, pensar, amar o de llorar.
Ya lo dijo en el siglo XX el intelectual Sigmund Freud. Al preguntarle por las características que deben tener las personas para considerarse plenamente integrados en la sociedad, respondió “las personas que estén integrada plenamente en la sociedad serán aquella capaces de amar y trabajar”. Palabras de un médico, un neurólogo y creador del psicoanálisis, sin contar con que se encontraba en el siglo XX. ¿No deberíamos nosotros estar ahora más avanzados que los hombres del siglo XX? Me reafirmo. Sigo sin ver la diferencia.

Sobre la homosexualidad se han escrito miles de conclusiones y posturas filosóficas. Nos podemos encontrar desde la más acérrima condena moral -llegando en muchos casos a castigarse con la muerte- pasando por un rotundo e irracional rechazo o por la psicopatologización hasta el reconocimiento y la aceptación de que hay tantas formas de sexualidad como sujetos en el planeta tierra.
La diversidad nos hace ricos. Pues aprovechemos esa diversidad, entendámosla, apoyémosla si estamos de acuerdo o mantengámosla de forma indiferente si no la compartimos, pero no perdamos nunca ese amor y respeto al prójimo como bien lo dijo el Señor, aunque sea él el primero en prohibirlo.

Las sociedades cambian, las ideas también, los humanos son distintos y las mentes no deben cerrarse a todo ello. Todo cambio nos lleva a algo mejor. Es intolerable que se produzca la muerte de un ser humano solo por no compartir una misma ideología o una misma creencia. Se gaste como se gaste, la vida es una y hay que aprovecharla lo máximo. Dejar vivir y sobre todo, dejar que te dejen vivir será un privilegio difícil de conseguir pero que no se debe dejar de cosechar.

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